Desde el siglo 19 se busca un sustituto artificial de la sangre para poder ser usada igualmente sin los problemas que tiene la propia sangre, como por ejemplo su escasez. Su uso se enfoca principalmente a las intervenciones quirúrjicas y a pacientes que han perdido gran cantidad de sangre, entre otros. Así que, en la carrera por conseguir el mejor sustituto artificial, Synthetic Blood International ha presentado Oxycyte.
Básicamente hay dos tipos de alternativa: un compuesto hecho a base de hemoglobina humana o animal, y otro totalmente sintético a base de PFC, que se obtiene de forma parecida al teflón de una sartén. Los PFCs son el líquido con mayor capacidad para disolver gases, lo que permite a la sangre transportar mucho más oxígeno de lo normal.
Durante las décadas de los 80 y los 90, varios ensayos clínicos a gran escala con estos tipos de sangre artificial desenvocaron en una desproporcionada tasa de ataques de corazón en los pacientes, lo que provocó un receso importante en la investigación e incluso llevaron a alguna compañía biotecnológica a la quiebra. Hicieron falta dos décadas y 1000 millones de dólares en investigación para llegar a una obvia conclusión: la sangre actúa como una línea que suministra desde nutrientes hasta hormonas u oxígeno, regulando además la presión y combatiendo infecciones. Sin embargo, estos compuestos a base de PFCs únicamente transportan oxígeno, aunque a una tasa 50 veces superior a la sangre.
En los últimos años han mejorado tanto las técnicas de revisión de sangre donada que la detección de sangre no válida es mucho más precisa. Sin embargo, sigue habiendo pocas donaciones y sería interesante obtener un sustituto de la sangre especialmente en el entorno militar, donde ya se han gastado más de 10 millones de dólares en ello. Y dado que el sector militar en Estados Unidos es muy poderoso, se sigue investigando en ello. Así, en la Virginia Commonwealth University apuestan fielmente por el Oxycyte para futuros ensayos clínicos.
El Reanimation Engineering Shock Center de VCU investiga hoy día, en colaboración con el Ejército, en el desarrollo de un sensor implantado que permitiría medir la severidad de las heridas de un soldado en el campo de batalla (supongo que para dar prioridades) entre otras cosas. Pero su proyecto más ambicioso es un sustituto de la sangre.
Durante años, la anestesiología ha afirmado que las transfusiones de sangre hacen más mal que bien a los pacientes, y es por esto por lo que creen que el uso de sangre artificial no sería beneficioso en absoluto. Sin embargo, desde el VCURES siguen insistiendo en tratar de averiguar qué es lo que hace que los PFCs transporten tales cantidades de oxígeno, porque afirman que fue descubierto por casualidad. Otro problema es que, como el teflón, casi nada se adhiere a él, y es por ello que debe ser emulsionado antes de mezclarse con la sangre.
A finales de 2005, Synthetic Blood International se puso en contacto con Bruce Spiers, de VCURES, para diseñar ensayos clínicos con el Oxycyte en humanos, después de haber tenido éxito en animales. Ello servirá para determinar si el Oxycyte servirá para tratar, en última instancia, un amplio espectro de lesiones, como por ejemplo traumatismos cerebrales que pueden ser provocados por un accidente de coche o bicicleta.
Tienen esperanzas depositadas en el Oxycyte porque no hay ningún tratamiento satisfactorio para el traumatismo cerebral, que además aparece en el 30% de los soldados heridos llegados al Walter Reed Army Medical Center desde Iraq y Afganistán (el doble que los de Vietnam). Debido a las explosiones o a heridas penetrantes en la cabeza, pueden quedarse ciegos, perder memoria, provocar epilepsia o simplemente matarlos. Así que como el Ejército está interesado, pues todo esto se acelerará hasta el punto de que es muy posible que el año que viene se empiece a usar en Iraq. Y si, además, es aceptado por la Food and Drug Administration, podrían empezar a usarlo para tratar infartos de corazón, lesiones en la médula espinal, anemia, etc.
Jason Highsmith, que trabajaba en VCU, investigó el uso de Oxycyte en animales con lesiones de médula. Se comprobó que una diferencia del 5% al 10% de neuronas en la médula significarían pasar de la silla de ruedas a poder andar con un bastón, siendo para ello fundamental que el oxígeno llegue a esas neuronas. Y aquí es donde aparece el Oxycyte:
No parece gran cosa, pero cuando se mezcla con un poco de oxígeno adicional, una jarra del tamaño de un bote de aspirinas puede transportar tanto oxígeno como 4 litros de sangre normal.
El problema de los capilares de la médula es que tienen un grosor de 3 a 4 micras, y los glóbulos rojos son en general más grandes que ellos. Así que el Oxycyte es un buen tratamiento, dado que sus moléculas son mucho más pequeñas que los glóbulos rojos. En general, cuando un órgano o tejido resulta dañado, tienden a contraerse los capilares que pasar por él para, según creen, dificultar la pérdida de sangre. Sin embargo, este mecanismo de defensa tiene el efecto secundario comentado: los glóbulos rojos no pueden pasar por ellos y repartir oxígeno. Así que las posibilidades de uso de Oxycyte se amplían.
En el otro extremo, Steven A. Gould, de los Northfield Laboratories in Evanston y especialista en sustitutos basados en hemoglobina, acaba de terminar sus ensayos clínicos con su producto. Señala que su principal beneficio es que el oxígeno llega a él mientras se respira aire corriente. Sin embargo, para tener los resultados del Oxycyte, el paciente debe respirar aire con un porcentaje de oxígeno entre el 50% y el 100% durante 4 horas (el aire corriente contiene un 21% de oxígeno) antes de poder ser inyectado. Y claro, inhalar demasiado oxígeno tampoco es bueno.
Además, en casos pasados del Ejército, se ha comprobado como el hígado de los pacientes se hinchaba porque absorbía, además de oxígeno, parte de las moléculas oléicas del sustituto sanguíneo. Descenso de plaquetas e incluso pequeños periodos con síntomas parecidos a los de la gripe también aparecieron.
En cualquier caso, Spiers ya cuenta desde Agosto con los 8 pacientes necesarios para completar el ensayo clínico, y obtiene buenos resultados. En los mejores centros de tratamiento de traumatismos del mundo muere 1 de cada 3 pacientes, mientras que en el ensayo con Oxycyte sólo ha muerto 1 de los 8 pacientes.
(Vía Popular Science)